MÚSICA PARA ADICTOS AL CHOCOLATE
El de comer, no el de fumar, no sean mal pensados. Ayer estuve visitando un centro comercial con la familia y la verdad es que es un hábitat repleto de personas llamativas e interesantes, sobre todo la zona de la cafetería que por cierto estaba a tope. Se conoce que la gente prefiere los lugares refrigerados en los que se está fresquito en verano. Sobre todo en estío como este que nos llevamos comiendo olas de calor desde mayo.
Total que en sitios así la humanidad te acaba sorprendiendo, sobre todo si le prestas atención como si fueras una especie de antropólogo venido de otro planeta, papel que les confesaré cada vez me cuesta menos interpretar.
En la mesa contigua a la que nosotros conseguimos (la cosa estaba muy maaalaaa como diría el gran Chiquito de la Calzada) había una familia formada por un padre, una madre y dos vástagos, no recuerdo si hijas o hijos. Total que cuando se marcharon dejaron la mesa llena de mierda, con manchas de líquido, servilletas usadas y hasta sobres vacíos de azúcar. Por supuesto su elevadísimo estatus social les impidió rebajarse a llevar la bandeja al lugar habilitado para dejarlas, no fuera a ser que de pronto cayeran varios estratos de su posición y mutaran de pronto en indignos lumpen.
Al quedar libre la mesa una abuelilla gitana con un bastón se acercó para pillar sitio y miró la mesa como si allí se estuviera creando un nuevo Parque Jurásico. Desde luego los anteriores inquilinos no repararon en guarrerías para que eso ocurriera. Aunque se sentó, no dejo de escanear otras mesas con la intensidad similar a la del periscopio de un submarino soviético clase Typhoon. Al quedar una mesa vacía justo a la izquierda decidió mudarse a ella abandonando el Parque Guarrásico que había dejado la dignísima familia pija.
Cuando sus acompañantes, una mujer y un hombre (no sé si hija y yerno o nuera e hijo) llegaron con el desayuno se evitaron tener que limpiar aquel desaguisado gracias a la hábil mudanza de la señora. Por cierto, el hombre se metió un café con leche y un bollo de chocolate de aquí te espero. Se le debió alegrar hasta el ombliguillo.
¿Y saben ustedes que hicieron cuando terminaron su consumición? Pues llevar la bandeja con tazas, platos, vasos y cubiertos hasta la zona habilitada para eso dejando limpia la mesa para el siguiente comensal, algo que la pijisima y dignísima familia de al lado no tuvo los bemoles de hacer. Para que luego te fíes de un libro por sus tapas, o mejor dicho sus cubiertas.
Así que esta semana les traigo un disco que tanto los fans como la crítica pusieron a parir pero que en realidad no está nada mal. A veces ver las cosas desde lejos da perspectiva, como yo en la cafetería. Se trata de "Never Say Die!" la última colaboración de Ozzy Osbourne con Black Sabbath con los que no volvería a trabajar hasta 1997.
Es el octavo álbum de estudio de la banda británica y salió a la venta en septiembre de 1978. La crítica acusó al álbum de carecer de equilibrio y desplegar demasiada energía en diversos frentes a la vez. Como si eso fuera algo malo, no te joroba. Peor sería no desplegar energía alguna, sobre todo tratándose de un disco de Heavy Metal.
Hasta el propio Tommy Iommi dijo que el disco no tenía cohesión debido a que escribían las canciones durante el día y luego por la noche las grababan en el estudio lo que no dejaba mucho tiempo para hacer revisiones de las mismas. Bueno en el jazz siempre tienen en muy alta estima las improvisaciones y esta gente graba un disco fabricado con ellas y aún lo lamenta. A mi entender es lo mejor del álbum, que una canción no se parece en nada a la siguiente y no te cansas nunca de escucharlo. Y además no aburre.
Por lo visto se grabó en Toronto en un invierno particularmente crudo. No sé si llegaron a ver algún caminante blanco pero el grupo estaba muerto de frío en el cine que usaron para tocar. Así que no se dejen engañar ni por las apariencias ni por el que dirán y prueben ustedes los discos antes de decidirse o escuchar a terceros. Yo le di una oportunidad a este y todavía no me he arrepentido.
Ah, y la mesa guarrásica tuvo que acabar limpiándola una encargada de la cafetería agobiada ya de por si por la fila de clientes que esperaban para pedir. Vivan las dignísimas familias pijoguarrásicas, resilientes, sostenibles y totalmente desprovistas de un gramo de empatía que disfrutan cargando su mierda a los demás sin que les tiemble un músculo de su pétrea faz. Y el "vivan" es irónico, claro está. Algún día se van a encontrar con Guili Guonka y sus Umpa Lumpen y verás tú... Ea, no olviden supervitaminarse y mineralizarse.
TELLY CHAVALAS

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